jueves, 14 de febrero de 2013

Citas: La vida de una rosa, de Laura Tejo

Y sin embargo, no existe para nadie la posibilidad de ser feliz cuando la amargura invade permanentemente el corazón, cuando la tranquilidad de espíritu es algo que pertenece a un pasado remoto. Cuando la conciencia, ese aguijón punzante, reclama todos los días, a todas horas, una deuda que ya hace muchos años que no puede ser satisfecha.


Hay que tener mucha valentía para ser capaz de cambiar de vida voluntariamente, sin que te veas obligado por las circunstancias, alejándote de tu familia y de tus amigos, del ambiente en el que has nacido y en el que te has criado. Quizás sólo hay un motor en el mundo capaz de poner en marcha los mecanismos necesarios para afrontar ese cambio, esa ruptura con todo lo anterior, con aquello que en realidad te ha conformado y representa la parte más importante de tu vida.

Ese motor se llama amor.


Yo sabía que existe un indudable placer en la realización de una tarea bien hecha, en la consecución del objetivo que uno se proponga llevar a cabo en un momento determinado. Al margen del reconocimiento y de los hipotéticos beneficios, hacer algo, y hacerlo bien, conlleva una recompensa íntima que supone la gratificación más importante.
Sin embargo, desconocía el grado de enajenación, de depravación moral, que puede llegar a alcanzar el ser humano cuando no cuestiona las metas, ni los procedimientos para tratar de alcanzarlas, prefijadas por uno mismo o impuestas por otros.


A veces, en la vida, nos encontramos frente a situaciones en las que no somos capaces de detectar los hechos que se esconden detrás de las apariencias. La realidad inmediata, la que se ofrece ante nuestros ojos, la que se presenta al análisis de nuestro intelecto, nos impide comprender lo que se oculta tras su fachada. Y es mucho después, a la luz de nuevos acontecimientos, cuando acertamos a darle pleno sentido al momento inicial. Nos damos cuenta entonces de nuestra obcecación, de nuestra falta de clarividencia y previsión.
Otras veces, sin embargo, basta un segundo, un relámpago de iluminación para recorrer todo nuestro ser, para captar lo que ocurre, para acertar a vislumbrar todas las implicaciones posteriores de lo que se muestra ante ti. Para entrever el mundo de sufrimiento y desesperanza al que te verás abocada de manera irreversible.


Todos aquellos que han perdido un ser querido saben que al principio el dolor no se percibe en su dimensión exacta. Es necesario el transcurso de cierto lapso de tiempo para que la intensidad del sufrimiento nos invada por completo, para que perfilemos con claridad la magnitud de la tragedia irreversible que se cierne sobre nuestras vidas. Ya que ahí reside precisamente el quid de la cuestión: no se trata de una separación temporal, de una situación transitoria, sino de algo definitivo. Nunca más volveremos a estar junto al ser que amamos, nunca más volveremos a escuchar su voz, a sentir su mirada o a disfrutar de sus caricias. Estamos solos, desamparados. Sin su amor. Y el mundo y la vida pierden su atractivo. Todo se relativiza en torno a nosotros. Porque... ¿Qué importa lo que nos rodea, nuestros intereses y afanes cotidianos, la lucha diaria por la vida, si él o ella ya no estarán jamás a nuestro lado para compartirla? ¿Qué sentido tiene seguir viviendo?
Y entonces te encierras en ti misma, como una tortuga en su caparazón, y lloras, lloras, lloras... Casi no sales de casa, y a duras penas consigues cuidar de tu hijo, un bebé que jamás conocerá a su padre, que le adoraba. Dejas de comer, eres incapaz de dormir más que a ratos y abandonas tu aspecto físico porque todo te resulta absolutamente indiferente.
Novalis sostenía que hay que estar orgulloso del dolor, ya que todo dolor es un recuerdo de nuestra condición elevada. Pero cuando se tienen poco más de veinte años, cuando se han dejado atrás la familia y los amigos, tu ciudad natal y tu país, para seguir al hombre de tu vida, al que pierdes prematuramente..., cuando, en definitiva, eres cruelmente golpeada por el destino al comienzo de tu vida como mujer... resulta imposible estar orgullosa del dolor que sientes. En tu corazón no queda espacio. El dolor es el sentimiento que lo invade en su totalidad.

4 comentarios:

  1. Bonita cita!!
    No he leído "la vida de una rosa" de Laura Tejo.Parece un poco triste.
    Besos

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    1. Bueno, toda vida tiene sus partes felices y sus partes tristes... A mí me está gustando mucho :) Besos!

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  2. ...traigo
    ecos
    de
    la
    tarde
    callada
    en
    la
    mano
    y

    ecos
    de
    la
    tarde
    callada
    en
    la
    mano
    y
    una
    vela
    de
    mi
    corazón
    para
    invitarte
    y
    darte
    este
    alma
    que
    viene
    para
    compartir
    contigo
    tu
    bello
    blog
    con
    un
    ramillete
    de
    oro
    y
    claveles
    dentro...


    desde mis
    HORAS ROTAS
    Y AULA DE PAZ


    COMPARTIENDO ILUSION
    AZUL DE LUNA

    CON saludos de la luna al
    reflejarse en el mar de la
    poesía...

    ESPERO SEAN DE VUESTRO AGRADO EL POST POETIZADO DE LABERINTO ROJO LEYENDAS DE PASIÓN, BAILANDO CON LOBOS, THE ARTIST, TITANIC SIÉNTEME DE CRIADAS Y SEÑORAS, FLOR DE PASCUA

    José
    Ramón...

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    1. Muchas gracias por tu poesía, José Ramón.
      Un saludo

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